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Aproximadamente hasta el segundo tercio del siglo XIX, la educación de primeras letras ha sido en Zumarraga preocupación y competencia prácticamente exclusiva de nuestro Ayuntamiento. Los niños podían acudir a la escuela desde que lo hiciesen posible las necesidades familiares y hasta los catorce años (por las edades de los alumnos, se aproximaba más al sistema de la antigua EGB que el actual sistema obligatorio de estudio para niños, lo que podríamos concluir en la ESO).
Los Ayuntamientos eran los primeros encargados de dotar de infraestructuras (escuelas), y de satisfacer el sueldo a los maestros de primeras letras (de los que, por cierto, el primero de quien tenemos noticias en nuestra población es Pedro de Ondarra, a quien se le pagaron 50 reales de sueldo en el año hacendístico municipal de 1620-1621), pudiendo estar complementados esos enseñantes con algunas cantidades que proviniesen de la iglesia, vía alguna obra pía.
Era un gasto importante para los Ayuntamientos, y para hacer frente a él, una vez que se vieron privados de los bienes municipales tras el desastre económico de las guerras de fines del XVIII y principios del XIX solían establecer impuestos indirectos sobre artículos como el vino o aguardiente, para lo cual debían de contar con la preceptiva autorización de las autoridades centrales de la monarquía. Tanto el vino como el aguardiente se podían adquirir en las tres tabernas que había en la población (una en Eizaga, otra en Kalebarren y la tercera en la más inmediata cercanía de la Casa Consistorial).
Además del Alcalde y máximas autoridades municipales, el Párroco cuidaba también de la instrucción que debían recibir los alumnos (según las épocas, podía haber una “Junta o Comisión Local de Instrucción Primaria”, de las que siempre formaban parte, invariablemente, Alcalde y Párroco, pudiendo haber otros miembros). Se llegaron a hacer “inspecciones y exámenes” a los alumnos al acabar un periodo escolar, pudiendo felicitar al maestro y a los alumnos más aventajados, entre los cuales había la posibilidad de que se repartiesen algunos premios.
Los locales de la propia escuela se encontraron, hasta el segundo tercio del siglo XIX dentro del edificio del Ayuntamiento, y en ella, de forma separada para niños y niñas, se impartían fundamentalmente el aprendizaje de la lectura, escritura, el contar, y también la doctrina cristiana (no en todas estas escuelas se daban conceptos de gramática, historia y aritmética).
El viejo edificio del Ayuntamiento zumarragatarra (construido en el segundo tercio del siglo XVII en la actual Plaza Navarra, y que fue conocido en sus últimos años de existencia como “Casa de la Alhóndiga” o “Ayuntamiento viejo”) era la sede de la institución administrativa municipal, pero también allí estuvieron durante muchos años la cárcel, las escuelas, e incluso parte de él estaba destinado a vivienda, pues parte de ese edificio se arrendaba para así contribuir a sanear, al menos en parte, el erario municipal tras las ya mencionadas guerras.